Una mujer de 43 a. acude al Servicio de Urgencias. Se siente cansada y sin fuerzas para vivir. Responde con lentitud a las preguntas, en un tono de voz bajo. Dice encontrarse muy triste desde hace dos meses, lo dice con precisión. Ha perdido interés por la vida, se nota distinta, como si no le importara nada, ni siquiera lo que hagan su marido o sus hijas, aunque no quiere verlos sufrir. Tiene muy poco apetito, ha perdido casi 5 kg en un mes. Tarda mucho en quedarse dormida y se despierta varias veces por la noche. Se siente inútil y un estorbo en casa. Piensa en la muerte, aunque no quiere quitarse la vida, porque ello va contra sus creencias religiosas. Nunca antes le había ocurrido algo parecido.

CASO 1

CASO 2

Pilar es una mujer de 40 años, que desde hace más de un año se queja de que casi a diario tarda más de 2 o 3 horas en conciliar el sueño, y una vez dormida se despierta varias veces a lo largo de la noche. Por las mañanas le cuesta levantarse, y cuando lo hace se encuentra cansada e irritable. En el trabajo le han llamado la atención por su falta de concentración y su enojo permanente hacia los compañeros y clientes.

María es una paciente de 42 años, autónoma y madre de tres hijos que acude a la consulta acompañada de su marido por encontrarse desde hace casi un año constantemente nerviosa e irritable. Refiere mucha tensión muscular cervical, palpitaciones ocasionales, cansancio, dificultad para concentrarse y dificultad para conciliar el sueño. Refiere empeoramiento el último mes. La exploración física es normal.

CASO 3

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